dimecres, 6 de juliol de 2011

L'Elefant vs. el Gos


Definamos en primer lugar una virtud real y una virtud falsa, por comparación entre el Elefante y el Perro, emblema el primero de la amistad noble y el segundo de la amistad falsa.

1º. La amistad. - Siempre noble en el Elefante; se concilia siempre con el honor. No tiene la bajeza del perro, que golpeado a veces sin motivo, no conserva ningún recuerdo de ello. El Elefante soporta las correcciones justas, pero no se deja maltratar sin motivo; no perdona las ofensas; por otra parte su amistad es tan inalterable y tan devota como la del Perro. Esta amistad doble es la que conduce a relaciones colectivas y corporativas, pero la amistad servil del Perro sólo favorece el despotismo, el régimen civilizado y bárbaro que no tiene nada en común con aquel donde reinarían las pasiones nobles, como las que se ven en el Elefante. Los déspotas prefieren la amistad del Perro que, maltratado injustamente y envilecido, sirve y ama todavía a quien le ha ofendido.

2º. El amor. - Decente y fiel en el Elefante: escandaloso y criminal en el Perro, que es en amor el más innoble de los cuadrúpedos, aliando todos los vicios a esta pasión, al igual que los civilizados, en cuyos amores dominan la astucia, el fraude, la opresión.

3º. La paternidad. - Juiciosa y honorable en el Elefante. No quiere crear hijos para que sean desgraciados, y se abstiene de procrearlos en cuanto es esclavo. Es una lección que da a los civilizados, asesinos de sus hijos por la cantidad que procrean, sin estar seguros de asegurarles el bienestar. La moral o teoría de falsa virtud les estimula a fabricar carne de cañón, hormigueros de reclutas obligados a venderse por miseria. Esta paternidad imprevisora es falsa virtud, egoísmo del placer. Tanto ha preservado la Naturaleza al Elefante de este vicio, que es arquetipo de las cuatro pasiones afectivas entendidas en sentido verdaderamente social y conveniente a las relaciones generales. El Perro, emblema de falsas virtudes, está dotado de la falsa paternidad que engendra los hormigueros, camadas de once (primero de los números antiarmónicos), conjuntos cuyas tres cuartas partes deben perecer por el hierro, el diente o el hambre.

4º. El honor. - Es la cuarta virtud moldeada en el Elefante; pero no es el honor moral que predica el desprecio por las riquezas y pretende, como Diógenes, que se beba en el hueco de la mano. El Elefante no desea únicamente buenos alimentos (80 litros de arroz por día); desea también un gran lujo en vestidos, en comestibles, en vajilla, en bebida; se siente humillado por un cambio de vajilla de plata en vajilla de barro.



Charles Fourier (1772 - 1837)